Gracias totales Luciana Aymar

La mejor de todos los tiempos se fue a lo grande, con un título. Emoción, homenajes; un retiro inolvidable.

Ahí se va la magia. Intacta. Podría haber seguido un rato más, entregándonos su talento y deleitándonos con su juego inigualable. Pero necesitaba darle un freno. Tiene 37. Lo venía postergando. Se decidió y, aunque le costará y será un duelo, tomó la determinación. Y se fue nomás. La mejor de la historia, una jugadora con una condición física extraordinaria y de un manejo de la bocha brillante. Llegó a su fin la carrera de Luciana Aymar, como no podía ser de otra manera con la camiseta argentina, ésa que defendió durante 18 años y obtuvo múltiples logros. Entre lágrimas, emocionada, entre sonrisas y alegría, rodeada de sus afectos, compañeras, cuerpo técnico, Leonas vintage... Y con la medalla de campeona colgada. Qué postal insuperable. La mejor bañada en oro. En Mendoza, Lucha se llevó el Champions Trophy, uno más para su colección y para hacer el retiro aún más especial. Se va, justamente la más ganadora de este torneo, con seis títulos.
Será inolvidable el 7/12/2014. Porque fueron los últimos toques magistrales de Aymar, admirada por sus colegas, por todos los fanas en el mundo y por cualquier deportista en el planeta. Su velocidad, inteligencia, destreza y capacidad atlética la catapultaron en la gloria y ella misma se encargó -siempre acompañada por un gran grupo de jugadoras- de posicionar a Las Leonas en el primer plano mundial. En esa lucha con holandesas y australianas durante la última década, las argentinas encontraron pasajes de dominio y el ranking las puso en lo más alto. Siempre con Aymar como destacada, con las luces y absolutamente todos los ojos que se posaban en su figura.
Desde el 2001, cuando fue galardonada con el premio a la mejor de todas, empezó a delinear su exitoso camino. Todos los años (salvo el 2005) supo lo que era llevarse una medalla, así sea la de bronce, en al menos uno de los torneos que disputaba Argentina. La autoexigencia la caracterizó; llevó el perfeccionismo como bandera. Uno de sus profe en la Selección, Cachito Vigil, le hizo entender que ya era la mejor en su rubro, pero que debía pelear por ser la mejor deportista del mundo. Y con esa mentalidad encaró. Por eso se reinventó año a año, su magia nunca caducó, buscó la manera de mantenerse en el pedestal y lo consiguió.
Su amor por el hockey fue otro de sus baluartes. Siempre priorizó el entrenamiento, se entregó de lleno al deporte; relegó brindarse y perseguir a un amor. Pero su mente y su cabeza pudieron más, apoyada en su familia como principal contención en los momentos que anímicamente flaqueaba. Igualmente, dentro de la cancha siempre lució íntegra y consagró un memorable recorrido.

En el cierre, en la misma ceremonia de premiación, se mostraron videos de la más grande de todos los tiempos; recuerdos, y palabras de compañeras, ex compañeras, amigas, familia. Fotos de cuando era niña, goles y más. También, fuegos artificiales que iluminaron el grandioso momento, sumado a una camiseta gigante, levantada por una grúa, con el Nº 8 que supo lucir ella.
Se van a extrañar esas apiladas, esos mareos que les propinaba a sus rivales, ese palo que en sus manos escondía la bocha y la controlaba como ninguna. Adiós a La Maga. Fueron un gozo tantos años de talento. Gracias, totales.

Fotos: Luciana Aymar. 

Posted by orandeportivo on 14:28. Filed under , , . You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0

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